Hermosillo, Sonora. Viernes 20 de Septiembre de 2019
 
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Cero y van cuatro

Arturo Soto Munguia

Con el de ayer, van cuatro ‘macheteros’ que caen abatidos por las balas de agentes policiacos en Hermosillo. A decir de los vecinos, el hoy occiso tenía asolada la colonia y de hecho, los agentes iban a ejecutarle una orden de aprehensión, opuso resistencia, blandió el machete y fue muerto, al parecer de un tiro en la cabeza.

Sobre el tema, se realizó ayer una mesa de análisis en la que participamos los colegas y amigos Jesús Olivas y Fernando Oropeza, y que usted podrá consultar en la página de Facebook de TV Azteca Sonora, y en donde planteamos entre otras cosas, qué es lo que tuvo que haber pasado para llegar al extremo de estar ejecutando en las calles a los presuntos delincuentes, pero sobre todo, para que la sociedad valide, aplauda y pida castigos ejemplares como esos.

La modalidad de asaltos con machete apareció de manera más recurrente hace aproximadamente un año, cuando la prensa comenzó a documentar varios casos que poco a poco fueron perdiendo su condición de esporádicos, para aparecer con mayor frecuencia, especialmente en colonias periféricas y en el Cerro de la Campana y sus alrededores, muy cerca del centro de la ciudad.

Se trata de jóvenes, generalmente drogados, que se arman ya con machetes, ya con artefactos de metal afilados, esmerilados en la punta y que no vacilan en usarlos contra sus víctimas. El tema detonó con el caso del enfermero Martín Pacheco, que fue atacado por varios de ellos, provocándole algunas heridas. Hizo la denuncia correspondiente, pero a los días apareció muerto en las calles de la colonia Jesús García, atacado con armas blancas.

Las autoridades detuvieron al autor intelectual y a los materiales de este crimen, pero el caso conmovió a la sociedad toda.

Luego vino el dramático video en el que un sujeto armado con machete, en Navojoa, se burla de una decena de policías municipales amagándolos con el arma, sin que éstos atinaran a detenerlo. Tuvo que ser un civil quien lo sometiera.

Esto desató una ola de indignación y asombro entre la ciudadanía, que cuestionó fuertemente a los agentes, exigiendo mano dura y el uso de las armas de cargo para casos de este tipo. Ese mismo día, en Hermosillo fueron abatidos a balazos dos presuntos que intentaron agredir a agentes estatales con armas blancas.

Días después, murió en el hospital otro presunto, que días antes había disparado contra elementos de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal (antes PEI). Los agentes repelieron el fuego, lo hirieron y no pudo sobrevivir.

En los cuatro casos, la opinión de los ciudadanos expresada a través de medios tradicionales y redes sociales fue en un sentido positivo. A favor de la ejecución de los presuntos en flagrancia.

El Fiscal General del Estado, Rodolfo Montes de Oca Mena advirtió que los agentes están autorizados para utilizar sus armas de cargo en legítima defensa, y que habrá cero tolerancia contra quienes amaguen a sus agentes.

Con el cuarto presunto delincuente abatido ayer, se envía un mensaje claro de que esa instrucción se está acatando.

Con todo y la validación de una parte importante de la sociedad, que ya no siente lo duro sino lo tupido en cuanto a los ataques a su integridad y su patrimonio, el asunto no deja de ser preocupante, porque apunta a un estado de cosas que nos aproxima a la barbarie y a la eventualidad de que el uso excesivo de la fuerza (el monopolio de la violencia, que es prerrogativa del Estado) se convierta en práctica común y la ‘limpieza’ de las calles donde pululan adictos, indigentes, potenciales asaltantes armados, se acerque a una práctica de exterminio.

Pero si la idea es mandar un mensaje de ‘mano dura’ contra los presuntos delincuentes (algo que la sociedad valida), también hay que preguntarse cuántos más tienen que ser muertos para que la estadística de incidencia delictiva en ese rubro comience a mostrar una tendencia a la baja.

Y si eso sucede, hay que preguntarse si entramos ya a la etapa que se está viviendo en Nuevo León, donde se acaba de legislar para que particulares puedan usar armas de fuego en legítima defensa y bajo ciertas situaciones de amenazas a su vida o su patrimonio.

El tema es sin duda polémico, y la pregunta sigue siendo cómo es que llegamos hasta aquí.

Porque ante la validación social del uso de la fuerza extrema, el gobierno puede caer en la tentación de que lo correcto es limpiar de presuntos delincuentes las calles, a punta de balazos letales, y en ese nivel, cualquier cosa puede suceder.

II

Grata velada el miércoles por la noche en la cabina de Radio Sonora, a donde fuimos invitados por el colega y amigo José María “Chema” Armenta, que conduce un programa de entrevistas llamado “Desde el exilio”, al que nos hizo el honor de invitar.

El programa se transmite en vivo de nueve a diez de la noche los días lunes, miércoles y viernes y está lleno de sorpresas. Por ejemplo, la de enterarse que el Chema sabe más cosas de la vida de los entrevistados, que los propios entrevistados.

No había tenido la oportunidad de convivir de esa manera con el Chema, cuya vena periodística y literaria le viene de familia, y que domina los micrófonos con maestría. Además el formato del programa es bien relajado y se pueden abordar todos los temas en un ambiente de camaradería y buena vibra.

Les invito a escucharlo.

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Publicado por en Jun 2 2017. Campo bajo El Zancudo. Puedes seguir cualquier respuesta a través de RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.

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