Hermosillo, Sonora. Lunes 20 de Agosto de 2018
 
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Clase de suplencias en Morena

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Gilberto Armenta

Si a usted le sorprendió la designación de la periodista Lylli Téllez en la formula al senado de Morena, espere a leer bien quien será su suplente, y el suplente del propio Alfonso Durazo Montaño.

La de Lylli Téllez es Reyna Castro Longoria, investigadora en la Universidad de Sonora y quien, de haber tenido la oportunidad, hubiera quemado los libros del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, solo porque a esté se le ocurrió decir que votar por Andrés Manuel López Obrador, sería un riesgo para la democracia en México.

Pero la siniestra intención de Castro Longoria no es siquiera iniciativa de ella. Torpemente quiso secundar a su colega Carmen Bojórquez, investigadora del Colegio de Sonora, quien en un arranque de histeria usó su cuenta en Facebook para promover esa quema de literatura de Vargas Llosa.

El final de la historia es ampliamente conocido. Carmen Bojórquez se vio obligada, – ante la ola de críticas y reclamos en su contra – a borrar el comentario de su red social, y Reyna Castro se quedó con la carabina al hombro.

Su carrera como investigadora no se discute. Se reconoce y se valora. Pero la intolerancia hacia opiniones distintas a su ideología política no. Si como una investigadora y desde su trinchera como catedrática va contra quien opina en contra de Andrés Manuel López Obrador, ¿se imagina usted lo que seria capaz de hacer como senadora suplente? ¿O como senadora si acaso Lylli Téllez ganara y luego pidiera licencia al senado? Aun cuando la observación es hipotética, resulta aterradora por el riesgo que ella representa a la libertad de expresión.

Si como simpatizante de un aspirante a la presidencia de la República mostró una reacción hitleriana a quien solo emitió una opinión, no resulta difícil entender el repudio violento que tendrá contra quienes critiquen al presidente Andrés Manuel (si eventualmente gana la elección).

Por el lado de Alfonso Durazo Montaño la cosa no es diferente. Él, Alfonso, merece estar en esa fórmula, trabajó por ella a pulso. Pero Álvaro Bracamonte Sierra debería sentirse apenado de ostentar el llamado a la suplencia de Durazo Montaño.

Él, Bracamonte Sierra, se acomodó entre los que integraron el comité seleccionador del que sería más adelante, el Comité de Participación Ciudadana (CPC) dentro del Sistema Estatal Anticorrupción en Sonora (SEA).

Una de las demandas para ser seleccionador, era en teoría no tener relación con partido alguno, puesto que esa sería justamente una de las reglas que, en las entrevistas a los aspirantes para el CPC, los seleccionadores sancionarían en primer orden.

Y si, Álvaro Bracamonte Sierra sancionó eso, cuestionó ideologías o ascendencia partidista a los aspirantes, mientras que él sentía simpatía por el partido Morena.

¿Incongruencia, cinismo, falsedad, doble moral, mentira, engaño? Usted califíquelo.

Así, Morena presume a sus dos suplentes en la formula al senado que, en los linderos de la intolerancia y la simulación, intentaron imponer su arenga mesiánica.

Pero no sucederá nada. Si Morena pontifica la corrupción, nada le costará justificar la clarividencia de quienes consideran a Andrés Manuel un intocable, o la zorrería de quienes pretendan boicotear lo que le estorbe para avanzar.

 

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Publicado por en Mar 15 2018. Campo bajo Reino de Sátrapas. Puedes seguir cualquier respuesta a través de RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.

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