Hermosillo, Sonora. Martes 12 de Noviembre de 2019
 
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Cuando votar no es suficiente…

ARCHIVO CONFIDENCIAL
POR ARMANDO VÁSQUEZ A.

HUBO LA OPORTUNIDAD, en Zacatecas por cierto, de comprar el libro “La columna de hierro” de Taylor Caldwel, excelente escritora de nombre Janet Miriam Holland Taylor Caldwell, también conocida por sus seudónimos: Marcus Holland, Max Reiner y J. Miriam Reback.  Escribió más de 30 grandes obras entre las que destacan “El Gran León de Dios”, por eso uno de mis hijos se llama Saulo, “Yo, Judas”, y otros ocho más que he tenido la oportunidad de leer.

En su libro “La columna de hierro”, versa a manera novelada, la vida de Marco Tulio Cicerón (el tercero, pues su abuelo y padre se llamaban igual), y retrata la Roma de aquel entonces, unos cien años antes de Cristo.

Para que se dé una idea, el imperio romano como tal duró unos 600 años, su nacimiento se sitúa en el 27 a.C. coincidiendo con el nombramiento de César Augusto como emperador por parte del Senado y su finalización tuvo lugar en el 476 d.C, cuando el jefe bárbaro Odoacro destituyó al joven Rómulo Augusto. Aclaro, Roma nació en el 753 antes de Cristo y le tomó casi 700 años convertirse en el imperio que todos conocemos.

Solo como referencia el imperio egipcio duró cinco mil años, el Otomano  2274 años y así por el estilo. ¿A dónde voy con esto?

La caída de todos esos imperios tuvo su origen en la corrupción de las personas cuya “descomposición” por así llamarla, fue vista como algo natural y sostenida por la impunidad de las autoridades de aquel entonces.

Marco Tulio fue un libre pensador cuya principal característica era la honestidad, de allí que como abogado y gobernante no permitía la tergiversación de las leyes, ni un poquito, él pugnaba por una Roma que basara su destino y gobernanza en las leyes lo cual consideraba los principios de la nación que permitió su florecimiento. Sus estudios de las diferentes obras de sus antepasados –sobre todo griegos–, le permitió encarnecidas luchas en el Senado romano para que se impusiera la ley tal cual, sin reacomodos ni intereses de grupos.

De hecho su posición del respeto a las leyes fue la columna de hierro que permitió a Roma seguir como imperio  algunos cientos de años más. Se le reconoce pues como el personaje que por su posición –vendría siendo el ideólogo en una organización–, alejó del “abismo de la corrupción” a su país y marcó un destino que incluyó a los millones de seres humanos de aquel imperio itálico.

“El Manual del ciudadano contemporáneo”, de Ikram Antaki –  filosofa mexicana nacida en Siria quien a sus 52 años de vida publicó 29 libros, se los recomiendo–, nos refleja la caída del imperio romano al alejarse de sus leyes y corromperse. Pero este libro en particular hace una analogía de lo ocurrido en los finales de aquel imperio y lo que ocurre en México con una similitud escalofriante.

Hay varios puntos interesantes en esto de la historia de las caídas de los imperios. En sus finales intentaron imponer sus leyes mediante su uso irrestricto que incluía penas capitales, se conformaron corrientes de opinión que buscaban el regreso a la grandeza anterior, de allí que se decía que “antes era mejor” y un largo etcétera que de nada sirvieron al acercarse y caer al abismo de la corrupción como naciones por más poderosas que fueron.

En México apenas estamos con un Sistema Nacional Anticorrupción.

Sin embargo, y está demostrado en la historia, los hombres que quisieron componer la anómala situación con todo y sus buenos deseos y fortalezas, no lo lograron pues los procesos de su impartición de justicia estaban podridos y por ende, el resto de sus actividades –económicas, culturales, políticas, etcétera–, que conforman la gobernabilidad de un país, no permitieron la recuperación llevando al abismo al imperio o nación que gobernaban.

Y su desaparición tuvo como ingrediente principal la violencia que se analiza en la “Teoría de los conjuntos”, es decir, cuando hay dos y se unen, surge un tercero intermedio pero siempre con un acto violento.

Vaya, a veces pienso que en su libro “Regina” el autor Antonio Velasco tenía razón con eso de que este país requiere de sacrificios (como el del dos de octubre) para resurgir. Ya vivimos lo del terremoto pasado que ha sacado lo mejor y peor de los mexicanos, esto solo como detalle con asterisco.

El hecho es que estamos en el abismo de la corrupción y la impunidad. Usted y yo sabemos que no será la panacea el nuevo sistema anticorrupción pues requiere nacer, desarrollarse y transmutar a otro mejor.

No veo que los futuros candidatos que buscarán la presidencia de este país, cumplan con los requisitos indispensables de un Marco Tulio que nos rescate ¿Meade, el Peje, Anaya? pues conocido es  que los mexicanos al emitir el voto buscamos a ese paladín de la justicia que cumpla con nuestras expectativas.

El Peje quiere ampliar la intrusión del gobierno en nuestras vidas, como si no supiéramos que los procesos gubernamentales están dañados. Anaya quiere ser un dictador, es su naturaleza y Meade, pues aun su rostro no es muy conocido que digamos para sostener una suposición certera. Es un misterio que no desentrañamos aún. Pero todo lo oscuro tiene algo de malo.

En estos días se descorrerán algunos velos ¿y qué nos queda como ciudadanos?, sin duda dos actitudes muy importantes: regir nuestras vidas con los principios que nuestros padres y sus padres nos transmitieron y la segunda, participar como sociedad civil con acciones que denoten una real preocupación por nuestro entorno general y el de nuestra familia.

¿Votar?, claro, pero no es suficiente.

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 30 años de experiencia en medios escritos y de Internet, cuenta con posgrado en Administración Pública y Privada.

Correo electrónico: archivoconfidencial@hotmail.com

Twitter: @Archivoconfiden

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Publicado por en Nov 20 2017. Campo bajo Archivo Confidencial. Puedes seguir cualquier respuesta a través de RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.

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