Hermosillo, Sonora. Sbado 21 de Octubre de 2017
 
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El proyecto de Ramón Corral

El reino de los sátrapas
Gilberto Armenta
El Mensajero

Detrás de este nombre hay una extensa tradición panista. Cuando se habla de él, los albiazules evocan glorias del pasado, luchas electorales que juran y perjuran ganaron y les fueron arrebatadas, de ideología alejada de toda corrupción, de principios y valores que ningún otro partido ha ostentado, de trabajo a ras del suelo, de mirarse de frente con el sonorense, y de mil y una maravilla más.

De corazón por Sonora dicen ellos, dejando escapar un suspiro.

Pero la realidad es distinta. Quienes hoy controlan el poder político en el PAN ya no piensan en sus caudillos del pasado, y la enseñanza que estos les dejaron, está a resguardo en el baúl de los recuerdos.

Ramón Corral es hoy por hoy el operador político de la campaña electoral 2021-2027 de Damián Zepeda Vidales. Punto.

¿La senaduría para Ramón? ¡Bah! Eso no es más que la apariencia política de un exclusivo grupo de panistas que ya tienen todo el plan trazado para Sonora.

De lo que hoy sucede en el PAN, lo único que hay que considerar es que Zepeda Vidales ocupa, urgentemente, que su operador e impulsor opere desde el senado, y que le cierre acuerdos y compromisos para ocupar la candidatura a la gubernatura por Sonora en el 2021.

Y decir eso no es nuevo ni mucho menos inédito, tampoco es encontrar el hilo negro de esta historia. Ramón Corral Ávila lo dijo muy claro en el 2015: mi proyecto político/electoral se llama Damián Zepeda.

Perder la alcaldía de Hermosillo fue solo un inesperado y sorpresivo tropiezo, del que el propio Corral Ávila logro sobreponerse y seguir adelante con sus planes… y con ciertos ajustes en su agenda.

Ahora es posible entender como un inexperto Damián Zepeda llegó a la cúspide del panismo a nivel nacional, ahora se entiende como, a pesar del desacuerdo nacional de los liderazgos panistas, un desconocido ex candidato perdedor a una alcaldía en la lejana Sonora se convertía en el segundo de a bordo en el partido que representa la segunda fuerza política de México.

Pero ¿cómo pudo alguien como Ramón Corral manipular las decisiones a nivel nacional y posicionar al elemento mayor de su proyecto político en el CEN de su partido?

Olvídese de su curriculum, porque que bien analizado, resulta bastante discreto y con tendencia a X. Mire usted y juzgue: fue titular de la Conapesca, coordinador de la campaña de Manuel Clouthier, presidente del comité estatal en Sonora, ex diputado, ex senador y ex candidato a la gubernatura.

Entonces, ¿por dónde viene la “bolita”? Muy sencillo. En el 2009, con el apoyo de Ramón Corral, Zepeda Vidales fue el único candidato panista en ganar una diputación local en Hermosillo, luego en el 2012 logró ganar una diputación federal, y fue tal el apoyo que recibía desde la cúspide del panismo nacional gracias a Ramón Corral, que hubo un momento, en ese 2012, en el que fue diputado local en funciones (regresó después de ganar esa elección) y diputado federal electo al mismo tiempo. Ahí nació el proyecto de Ramon Corral con Damián Zepeda encabezándolo.

Ese proyecto se dio a conocer en Hermosillo, y fue acuerpado por el padrecismo que desde ese 2012, necesitaba mantenerse en el poder con Javier Gándara en el 2015, y planear el futuro a largo plazo en el 2021 con Damián Zepeda Vidales.

En ese proyecto que Ramón Corral presentó en el 2012, estaban involucrados liderazgos panistas a nivel nacional, cuyas relaciones fueron fortalecidas por el propio Damián Zepeda como diputado federal. Entre todas esas relaciones, la más importante fue la de Ricardo Anaya Cortés.

Todo lo que sucede del 2012 al 2015, con la llegada de Anaya Cortés al CEN del PAN fue parte de planes, estrategias y proyectos de grupo bien ejecutadas. Así, el proyecto de Ramon Corral para Sonora se fortaleció.

Pero también los liderazgos panistas sonorenses se involucraron en ese plan maestro, y ahí entraron en el 2012 Cuauhtémoc Galindo, Enrique Reyna, Luis y José Serrato, Luis “güero” Nieves, Roberto Romero, Agustín Rodríguez, Gustavo de Unanue (padre e hijo) y Célida López, entre otros tantos.

El ejercicio del poder del 2012 al 2015, y del 2015 a la fecha llevó a los locales a suponer que el proyecto que antes apoyaban, ahora lo podrían encabezar ellos mismos. Esa es exactamente la situación de Célida Teresa López Cárdenas, quien no solo despotrica contra su dirigencia nacional, sino que ahora pretende suponer que el ser mujer le da la oportunidad de ser desleal a acuerdos previos, y le otorga ventaja sobre quienes puedan estar mejor posicionados rumbo al 2018.

No es, lo que sucede en el PAN, una imposición por parte de Damián Zepeda Vidales, sino una serie de eventualidades que, por un lado, intenta impedir que la corrupción del padrecismo siga vigente, y por el otro, busca exigir que las lealtades a proyectos previos se mantengan vigentes.

Esto no se acaba…hasta que se acaba.

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Publicado por en Oct 4 2017. Campo bajo Opinion. Puedes seguir cualquier respuesta a través de RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.

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