Hermosillo, Sonora. Lunes 16 de Julio de 2018
 
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“fue horrible, fue horrible”…

Rastrillando
Por Mario Munguía Murillo

Cuando yo era solo un buquí, y junto a mis amigos salíamos a “cazar” con “resortera” (instrumento hecho con una horqueta de madera, por lo general de mezquite, al cual se le ponían “tiras de hule de llanta de bicicleta –los popis del barrio, utilizaban hule de las “mangueritas” esas que sirven para amarrar el brazo cuando te ponen suero-, una “caja” de baqueta, de preferencia la “lengua” de algún zapato y, lo más importante, los proyectiles a utilizar, que variaban desde catotas –canicas, también les dicen-, balines y piedritas escogidas exprofeso; la pieza a cazar eran los porogüis (cachoron de cola rosada) por rumbos del segundo bordo, al norte de la ciudad, donde hoy pasa el boulevard Progreso más o menos.

Era el límite permitido por nuestros padres y madres, pues más allá estaba el desierto donde había leones y tigres y, rondaba el “hombre del saco –decían era de ixtle-” que nos podían comer. Por lo general era la madre la que daba las órdenes y, era, la que nos platicaba las historias de terror que sucedían en Hermosillo.

La imaginación despertaba a partir de que en aquellos años mozos, la radio transmitía por la noche un programa que se llamaba “la Mano Peluda” que conducía magistralmente Victor Manuel Barrios Mata su fundador. Eran historias que ponían la piel de gallina, o sea, se te paraban los pelitos de los brazos.

Y poco más antes, la XEW, transmitió uno que se llamaba “El monje loco” que se escuchó por primera vez en 1937; Salvador Carrasco era el que dio vida al monje, que decía: “Nadie sabe, nadie supo, la verdad sobre el pavoroso caso de…”

La gente esperaba cada noche escuchar los programas, el morbo del miedo los obligaba a desvelarse (lo transmitían como a las diez de la noche), la televisión apenas había llegado a pocos hogares hermosillenses.

Los domingos en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús –donde una vez fui acolito, aunque usted no lo crea, pero duro poco el gusto, me corrió el padre-, qué era el Padre José Cruz, el que ayudo a encontrar los restos del Padre Kino en Magdalena, Sonora; decía en sus homilías que no escucharan la voz de Satanás, Lucifer, el Diablo, pues esos programas nos estaban llevando al infierno.

El tiempo pasó y, nosotros crecimos, nos hicimos adolescentes, en la pura época del naciente cambio de un mundo mejor, del Amor y Paz. Con ello, la libertad de expresión, en todos los sentidos, principalmente en las bellas artes; el teatro fue pionero en Hermosillo de presentar obras que rompían con la moral y las buenas costumbres; Equss, con el primer actor Arturo Velásquez, que aparecía desnudo en escena y, por esto, las damas blancas y puras de esta sociedad aristocrática, pegaron el grito en el cielo pidiendo a Dios y las autoridades que no permitieran exhibir tan gran daño moral.

El cine no fue la excepción, en el moderno Cinema 70,que por primera vez escucharíamos el sonido en “sensarauum” se presentó “Valeria por dentro y por fuera”, título que despertó pasiones y divisiones entre la sociedad que cada día buscaba aplicar la libertad de expresión en las artes, pero la vela perpetua con la ayuda de las autoridades (que es lo mismo), después de un debate en los medios, se permitió pasar la película pero a media noche; creyeron que nadie iría, pero cual fue la sorpresa que los hermosillenses demostraron “open main” y lo que inicialmente serían solo dos funciones, “Valeria…” permaneció toda una semana, donde las “colas” eran así de grandes, y entre la muchedumbre se encontraban a las damas y caballeros que los domingos iban a misa.

Hoy, la “Carpa de los Horrores” ha despertado a la moral dormida, y como ayer, son los mismos prejuicios los que quieren prevalecer e imponer que es lo bueno y que es lo malo; aplicar la Ley que el hombre ha creado, es obligación de las autoridades; la moral y buenas costumbres es el libre albedrio que cada uno tiene de elegir que ver y escuchar.

La diferencia es que hoy –siempre-, la Ley es selectiva; pues, por un lado se dice “aplicarla” y por otro, vemos el libertinaje con que actúan los medios electrónicos, Radio y Televisión, que producen series, videoclips, música y programas que explícitamente presentan sexo y apología del crimen; no me asusto, ni soy moralista y mucho menos de la vela perpetua, pero si la Ley se aplica que sea parejo. Así que no se asustes, porque como dice el Monje moco “fue horrible, fue horrible”.

La historia del Húngaro sí que fue horrible. Se las platico y, como dicen en los programas de televisión: “Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Los personajes y hechos retratados son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia”. Pero en esta historia solo se usara el apodo con que era conocido, es real: El Húngaro.

Era un viejo de más de 80 años de edad, trabajo toda su vida, logro acumular una buena cantidad de pesos que le permitió independizarse y poner una ferretería que era trabajada por la familia; durante casi cuarenta años él estuvo al frente, le enseño a los hijos el manejo del negocio.

Ya viejo, les dijo que se retiraría y que ellos serían los dueños, que a él solo le pasaran lo necesario para vivir una vejes digna. Puso a nombre de su esposa e hijos el negocio y la cuenta del banco.

No tardo mucho tiempo en que le empezaron a negar su “salario”; en su casa, lo presionaron para que se saliera, lo lograron. Se refugió con un amigo de toda la vida que rentaba departamentos y que conocía la situación. Ahí, duro tres o cuatro meses, no se sentía a gusto, le daba pena con la familia de su amigo y, un día, rento un cuarto amueblado con una familia que no conocía, se independizo decía.

Pero la soledad lo empezó a castigar, pues toda su vida había vivido rodeado de gente; de gente que supuestamente lo querían. Pasaba la mayor parte del día en el mercado, rodeado de desconocidos, amigos de toda su vida que solían ir al café por unas horas; pero él, se iba cuando empezaban a cerrar los negocios, cuando oscurecía.

Su salud empezó a mermar, su desesperación empezó a florecer, su carácter cambio.

Un día le dije: Húngaro, que pasa contigo, ya no se te puede hablar, por todo rezongas. Volteo, me miro y dijo: estoy solo Mario.

Pasaron los días, quizá dos o tres semanas y el Húngaro empezó a sonreír, a bromear con los desconocidos y amigos; a cuidar su aspecto, incluso, a usar loción.

Huele bonito la loción que me regalaron me dijo.

Ah chingao! –le dije- parece que andas de novio, mira tú, ahora de viejo.

Si, acabo de conocer una muchachita, se vino a vivir conmigo, pobrecita, no tiene familia aquí, no tenía donde vivir y, pues la invite sin ningún compromiso. Ella trabaja en un table, me la presento el taxista que va por mí.
Bien por ti le dije.

Pasaron unos seis meses, el Húngaro enfermo, aún vivía la muchacha con él. Pero aun así, no dejaba de ir al café.
Un día dijo que ya había arreglado todo, que se iría a vivir al asilo, que se sentía cansado y que no quería ser una molestia para “mi novia” le decía a la muchacha. Ya le dije a ella que se regresara a su pueblo –Guadalajara-, le di un dinerito para que se fuera en el avión y pusiera un negocito que le diera para vivir bien.

Yo –dijo el Húngaro-, mañana me voy a vivir con los viejitos, ya arregle todo, pague para que me dejaran vivir y morir ahí, ya no tengo nada, estoy solo; cuando menos de algo sirvió el dinero que escondí y los malagradecidos no supieron que lo tenía si no, también me lo chingan, así que me vas a regalar el café –se rio, me dio la mano un abrazo y se fue-.

Fue la última vez que lo vi y platique con él; ese diciembre, alguien pregunto por él, un desconocido le contesto: ya se murió en el asilo, solo, pobre viejo.

Pero mejor aí se las dejo…!!!SARAVAH!!!

mtesota@gmail.com
@mariomunguia8
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Publicado por en Jun 30 2017. Campo bajo Rastrillando. Puedes seguir cualquier respuesta a través de RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.

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