Hermosillo, Sonora. Martes 18 de Diciembre de 2018
 
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La avioneta no es el tema

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Gilberto Armenta

La agenda de la gira de Andrés Manuel López Obrador en Sonora se conoció a detalle más o menos una semana antes de la llegada del tabasqueño a ese estado. Desde entonces se cuestionó en este espacio el traslado desde SLRC a Nogales. Finalmente, ese viaje en una avioneta privada se convirtió en tema mediático nacional.

 

Y en este sentido, hay un solo punto a tratar: hablar con la verdad.

 

Un candidato presidencial no puede, en ninguna circunstancia, manejar durante meses una promesa al electorado con la única intención de hacerlos aplaudir y gritarle porras, para luego, tropezado en sus propias palabras, cometer el acto que critica en el gobierno en turno, y después justificarse con los mismos argumentos que él mismo dice utiliza la “mafia o cúpula del poder” para engañar al pueblo.

 

Bajo esa premisa, Andrés Manuel López Obrador engaño a México desde Sonora.

 

El tema es muy claro. No puede perderse en discusiones sobre el costo por persona que abordó la aeronave, tampoco si esta era privada o taxi aéreo, y mucho menos, si era necesaria o no para cubrir las exigencias de la gira. La clave aquí es entender que Andrés Manuel dice una cosa, para luego hacer otra. En un presidente de la Republica, ese temperamento y esa personalidad podría costarle a México mucho más de lo que ahora someramente se calcula.

 

Importante primero poner sobre la mesa la reacción de los seguidores del tabasqueño en las redes sociales, que montaron todo un operativo para justificar la acción de su candidato.

 

Importante también la declaración de Alfonso Durazo Montaño informando el costo por pasajero: trece mil pesos, poco más o poco menos.

 

Pero más importante la forma en la que Andrés Manuel matizó el hecho. Sabiendo que sus seguidores le son incondicionales y que se matarían por él. Conociendo también el control que tiene en las redes sociales a través de troles y bots, y entendiendo que su explicación se manejara como una verdad absoluta, el candidato de Morena se acostumbró ya a burlarse de todo, a minimizar sus errores y contradicciones, y a convertir cualquier hecho de campaña en una “guasanga” política en la que importa más que tanto haga reír a los demás, y no el impacto de sus acciones.

 

La combinación de los tres puntos anteriores es una bomba molotov que, digan lo que digan sus seguidores, muestran a un candidato errático, sin firmeza en sus acciones, intolerante ante la demanda del electorado y, lo más peligroso, muestran a quien ve la mentira y el engaño como algo sin importancia ni consecuencias.

 

Le restan a la campaña dos meses de acción. En Sonora fue el fin del mito de “trabajo a ras de tierra” y del de “es fantochería viajar por aire”. – Este avión ni Trump lo tiene – dijo sentado cómodamente en la aeronave en mención – pero no lo podemos vender porque no es de nosotros – remató. El chiste se sigue contando solo.

Donde las cosas siguen el mismo ritmo es en Agua Prieta, pero con un panista padrecista que, llenó de soberbia, y empapado todavía en el poder que otorga la prepotencia y el control de la voluntad de los demás, piensa que puede tomar decisiones al interior del Ayuntamiento, siendo apenas el candidato a la alcaldía del PAN.

 

El ahora diputado con licencia, Carlos Manuel Fu Salcido, y candidato albiazul a la alcaldía de Agua Prieta, ha mostrado ya el rostro opresor, al apoyarse en un aparente influyentismo al interior del Organismo de Limpieza Descentralizada de Agua Prieta (Oldap), para provocar el despido de un trabajador que, ejerciendo su derecho, no congenia con la intención electoral del panista.

 

En el desarrollo de esa acción laborar, se involucró Héctor Domínguez, empleado de Oldap, para despedir sin justificación alguna a Camilo Castro, compañero suyo en la misma paramunicipal, solo porque este no apoyó la aspiración política de Fu Salcido.

 

Es un tema delicado, porque representaría la llegada al Ayuntamiento de Agua Prieta de un posible alcalde (en caso de ganar la elección), que empezaría a cobrar facturas a quienes no lo apoyaron en su campaña electoral, a ordenar despidos masivos, y a pagar compromisos electorales con posiciones en la nómina.

 

Pero más delicada aún la entrega de un empleado como Héctor Domínguez, que sin consultar con el alcalde Héctor Rubalcava Gastélum, se toma atribuciones para ejecutar un despido, atendiendo la orden de Carlos Fu quien, en apariencia, no debería tener ninguna injerencia en la actual administración municipal.

 

Sin duda, un caso para documentar en toda su extensión.

 

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Publicado por en Abr 18 2018. Campo bajo Reino de Sátrapas. Puedes seguir cualquier respuesta a través de RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.

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