Hermosillo, Sonora. Lunes 10 de Diciembre de 2018
 
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Se acabó la Tercera Transformación; comienza la Cuarta

Arturo Soto Munguia

La semana que comienza es la última de la Tercera Transformación, esa que en la narrativa lópezobradorista fue la Revolución Mexicana, institucionalizada en un partido político que ya dio de sí. A partir del domingo empieza la cuarta y con ella, los verdaderos dolores de parto inherentes a toda transición.

Qué nervios.

Este que pasó, señoras y señores, es el último domingo en el que aludiremos a Andrés Manuel López Obrador como “presidente electo”. A partir del siguiente, una vez que se haya cruzado la banda tricolor al pecho (ignoro si en esta semana los legisladores federales aprueben una reforma fundamental para la patria, como es la de invertir el orden de los colores), ya será el presidente de la República, con todos los poderes.

Y esto último no es una frase hecha. López Obrador llega con la legitimidad de 30 millones de votos a su favor en las urnas; con un Congreso de la Unión hegemonizado por la coalición que encabezó su partido y ayer mandó un mensaje contundente al reunirse con 32 mil elementos de las fuerzas armadas, en un encuentro inédito en la historia nacional para un presidente que aún no entra en funciones.

Ejército, Marina, Fuerza Aérea Mexicana, Policía Militar y Guardias Presidenciales allí estuvieron. También los titulares de Defensa, General Salvador Cienfuegos, y de Marina, Vidal Soberón, así como quienes habrán de relevarlos en el mando, General Luis Sandoval y Almirante José Rafael Ojeda. Le acompañaron también la próxima secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero y el próximo secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo Montaño.

El presidente electo ha trabajado desde el primero de julio (y algunos dicen que desde antes) en una estrategia para llegar bien acuerpado por todos los poderes reales y fácticos, incluso con aquellos con quienes tuvo serias diferencias en el pasado reciente: la otrora minoría rapaz empresarial y la prensa fifí (señaladamente Televisa y TV Azteca), que en las últimas semanas han dado muestras de su disposición a plegarse al nuevo comandante supremo, cargo que viene implícito en la titularidad del Poder Ejecutivo Federal.

Si en este interregno que va del primero de julio al primero de diciembre, López Obrador ha estado tomando decisiones fundamentales para la vida pública futura en el país, una vez que se cruce la banda presidencial al pecho comenzará a verse de mejor manera, de qué color tiñe el guinda.

Hasta hoy, el único contrapeso serio al recargado presidencialismo que viene parece ser el Poder Judicial Federal, seguro campo de las batallas por venir. Y el de los gobernadores de signo distinto al de la coalición triunfadora, que comienzan a agruparse para reclamar el respeto que les debe merecer su cualidad de funcionarios electos legítimamente.

Al parecer, los trae bastante nerviosos la reforma que viene a replantear el pacto federal a partir de la entronización de los llamados “súper delegados” que disputarán palmo a palmo el poder en los estados, a los gobernadores, incluyendo el control de los multimillonarios recursos federales para obra pública y programas sociales, así como la centralización del mando en materia de seguridad pública.

Y más nerviosos los puso la declaración del senador Félix Salgado Macedonio en el sentido de que aquellos gobernadores que no se “cuadren” al nuevo gobierno federal podrían sufrir la desaparición de poderes en sus estados, lo cual representaría la parte más siniestra de esa iniciativa para replantear el pacto federal.

La premisa de la cual parte esta iniciativa, tiene argumentos sólidos: los gobernadores han sido, a lo largo de la historia, los detentadores prácticamente absolutos del poder en sus estados, con todo lo que ello implica, pero lo que está a discusión es el corrimiento de ese poder casi omnímodo de los gobernadores, al presidente de la República por la vía de esos “súper delegados” que, naturalmente se convertirían en naturales candidatos a las gubernaturas y, en caso de ganar pondrían al país a una vuelta de tuerca para reeditar, cambiando lo que haya que cambiar, el régimen de partido único, pilar de la tercera transformación (revolución institucionalizada) prólogo de esta cuarta que viene con una alta dosis de incertidumbre.

Nos queda una semana para seguir bordando sobre lo incierto. A partir del próximo domingo ya estaremos en condiciones de hacer el relato de lo que sigue.

Muchos dicen que, peor de lo que ha sido hasta ahora el ejercicio de gobierno en México, no puede haber nada. Ojalá que así sea, porque algo peor estaría dándole la razón a quienes desde un lado y otro del espectro político hoy tan polarizado, tan en blanco y negro, observan como única salida a la vista, la vuelta atrás a la rueda de la historia. Y eso sí estaría más feo.

 

II

Para continuar con las comparecencias de funcionarios estatales en el Congreso del Estado, para el análisis de la glosa del tercer informe de gobierno, mañana martes tocará el turno al titular del Instituto Superior de Auditoría Fiscal (ISAF), Jesús Ramón Moya Grijalva; al secretario de Economía, Jorge Vidal Ahumada y al encargado de despacho en la Secretaría de Educación y Cultura, José Víctor Guerrero.

Los legisladores locales ya enseñaron, el pasado jueves, lo que traen en la bola, cuando ni siquiera despeinaron al contralor estatal, Miguel Ángel Murillo, al director del Isssteson, Pedro Ángel Contreras López y al fiscal anticorrupción, Odracir Espinoza.

No se espera que sea diferente este martes, pues Moya Grijalva tiene al menos un par de décadas metido de lleno en la numerología de la administración pública, primero en el mismo Congreso del Estado y desde hace un par de años en el ISAF, aunque de seguro habrá de ser cuestionado sobre el tema de la calificación de las cuentas públicas estatal y municipales, y desde luego sobre el refrito que ha ocupado algunos titulares en la prensa local, a propósito de la llamada “Operación Safiro”.
En el caso de Vidal Ahumada no se ve por dónde le puedan entrar los misiles que le tengan preparados los legisladores de oposición, pues es uno de los funcionarios que mejores resultados ha ofrecido en el área de su competencia, y por su parte, Víctor Guerrero ha sacado más que decorosamente la tarea que dejara en sus manos Ernesto de Lucas Hopkins cuando decidió competir por la alcaldía de Hermosillo.

De todos modos hay que estar pendientes por si aparece alguna sorpresa.

 

III

Donde no hubo sorpresa fue en el resultado de la segunda consulta convocada por el presidente electo y organizada, supervisada y contabilizada por su partido Morena, esta vez para validar las obras del Tren Maya, que por cierto ya tienen fecha de inicio desde antes de conocerse dicho resultado.

La consulta incluyó otras obras y programas sociales que López Obrador considera prioritarios y como era de esperarse, ganó el “Sí”.

En Sonora se tuvo una afluencia a las urnas más baja que en la realizada el mes pasado, cuando se sometió a consulta la construcción del aeropuerto internacional y en la que participaron 14 mil 923 personas.

Esta vez fueron 12 mil 856, y sólo 14 votaron por el “NO”. 10 mil 621 votaron por el “SÍ”, 2 mil 154 lo hicieron de manera mixta (unos ‘sí’ y otros ‘no’) y hubo 67 votos nulos.

Ahí les dejo los números para su respectiva interpretación.
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Publicado por en Nov 26 2018. Campo bajo El Zancudo. Puedes seguir cualquier respuesta a través de RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.

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