Hermosillo, Sonora. Sbado 18 de Agosto de 2018
 
|

Se requiere una Policía Juvenil

ARCHIVO CONFIDENCIAL
POR ARMANDO VÁSQUEZ A.

RECUERDO QUE en Hermosillo, la introducción del consumo de la mariguana empezó a finales de los setentas, principios de los ochenta, no antes. Y una carga negativa tal, que se satanizaba a quien la consumía. Era lo peor que te dijeran mariguano.

El asunto es que fue tomando fuerza y allá por 1985 había lo que pudiéramos llamar sub drogadictos que eran aquellos que no contaban con los recursos suficientes para adquirirla y los principales productos que utilizaban era solventes como el thiner, resistol cinco mil y cemento.

Fue un hervidero de tinacos, mocochangos y cementeros impresionantes. Y ocurrió que los delitos de robo empezaron a brotar como gremlins en piscina. (¿Me alejé mucho con este vocabulario?).

Recuerdo que inclusive fue la etapa del Hermosillo en el cual ya no se podía dormir en el patio de la casa y las rejas en las ventanas empezaron a aparecer.

Llegó a tanto el fenómeno que se adecuo el código penal en uno de sus apartados, el referente a incluir a los vendedores de esos solventes –generalmente en ferreterías–, como parte de lo que llamamos “perversión de menores”, pues quienes lo consumían por lo general eran precisamente menores de edad.

La policía actuó y encarceló a todo aquel que fuera denunciado por vender esos solventes a los menores. Algunos cayeron a la cárcel, tan es así que el día de hoy no venden a chamacos ese tipo de solventes.

Obviamente no existía una organización con las características del crimen de alto octanaje. Y tampoco la policía se encargaba de extorsionar a los ferreteros pues ¿cuánto les podían dar?

El hecho es que el índice de robos bajó.

Los mariguanos siguieron. Pero eran tranquilos, no hacían el despapaye de los solventes adictivos que ocasionaba euforia. Si acaso mucha hambre, ganas de caminar, o bien, sueño, me cuenta el amigo de un primo.

Y la mariguana se popularizó. Los ojos rojos aparecieron por todos lados y la mafia hizo su buen billete como siempre y las siembras se dieron. En los Estados Unidos ahorita el kilo de mota debe andar en unos mil dólares. Sigue siendo negocio claro está, pero no crece el número de adictos, se mantiene y lo que si crece es el consumo del cristal por una regla simple del comercio: Véndele a los pobres para que te hagas rico y viceversa.

El hecho es que el diputado David Palafox pidió un cambio en el código penal para ponerle cola al dinero que se genera por la venta de esta droga, no está mal, siempre lo hemos dicho, rompe el hilo conductor del dinero y los ladrones empezarán a verse coptados, limitados, en la obtención de clientes que les compren lo robado.

De allí que es positivo tachar de cómplices a quienes compran robado principalmente en casas de empeño, yunques y demás. Pero es un delito que ya existe. Vas a la cárcel si compras algo que después resultó ser robado.

Tal vez y para enredar la compra de lo robado con el asunto de la droga debió anexarse un aditivo a la reforma de la ley que propuso y que consiste en la conformación de la policía juvenil y con diferentes atribuciones importantes diseñadas en torno al manejo de un departamento de inteligencia, de sicología de las pandillas, de ataque directo al crimen de aquellos jóvenes cuya edad fluctúe entre los 14 y los 24 años, principalmente.

Una policía juvenil que permita combatir la trata de blancas en las universidades, preparatorias y secundarias que a decir de la titular del Instituto de la Mujer, Blanca Saldaña, si se presenta pero requiere investigación.

De hecho, serían policías que pueden capacitarse a partir de los 18 y terminar su carrera a los 22 años. Capaces de manejar la investigación por las redes sociales –los policías viejos no pueden hacer esto–, y es más fácil para ellos localizar a quienes caen en delitos sexuales.

Sería una corporación dedicada al cien por ciento a focalizar las pandillas, sus líderes y sobre todo, a localizar a otros policías que les otorgan protección. Existe en Estados Unidos, aunque de perfil muy bajo.

Sería una corporación que pueda realizar trabajo de prevención real y un sinfín de cosas más.

Esto me recuerda lo que ocurrió el 17 de mayo del 2007 con Eduardo Bours, cuando en Cananea y sobre todo en Arizpe, hubo una masacre en la que murieron en total 21 sicarios (de 50 que conformaban el comando) y ningún policía. El movimiento policíaco fue encabezado por el comandante Juan Manuel Pavón que en paz descanse y quien jaló a la generación 47 de egresados del Isspe conformada por chamacos de 19 a 24 años de edad todos.

Fue algo espantoso pero los chamacos no se rajaron. No participaron los policías viejos por zacatones, de los tres niveles, el ejército llegó hasta el final de los hechos. Los chamacos criticaron que los policías de la PEI no quisieron entrarle a los balazos y que los federales dejaron que el comando circulara libremente por la carretera.

De esto se debe de acordar muy bien Francisco Figueroa Souquet quien entonces figuraba como Secretario de Seguridad en el Estado. Y también Rafael Ramírez Leyva quien entonces era director del Isspe. Se debe de acordar.

¿A dónde voy con esto? A ver si me explico mejor.

Una policía juvenil es más difícil que se corrompa. Los cuarenta elementos egresados le entraron a la guerra y fueron a matar. No podían rajarse. Aún son idealistas. Aun no se malean. No les llegan al precio. Gracias a Dios no hubo bajas aun y cuando casi se quedaban sin balas.

Se necesita, ojalá y se retome esta idea.
EN FIN, por hoy es todo, el lunes le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con 30 años de experiencia en medios escritos y de Internet, cuenta con posgrado en Administración Pública y Privada.

Correo electrónico: archivoconfidencial@hotmail.com

Twitter: @Archivoconfiden

URL corto: http://h.canalsonora.com/?p=118799

Publicado por en Mar 2 2017. Campo bajo Archivo Confidencial. Puedes seguir cualquier respuesta a través de RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.

Comentarios cerrados

Comparte